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Alcohol, riesgo de fibrilación auricular

Sábado, 19 Julio 2014

El consumo de bebidas alcohólicas en cantidad elevada se ha asociado con un mayor riesgo de fibrilación auricular (FA), pero el consumo moderado no se ha evaluado suficientemente. Un estudio publicado en JACC en julio de 2014 investigó la asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo de FA de forma prospectiva en hombres y mujeres suecas y llevó a cabo un meta-análisis de estudios...


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Riesgo cardiovascular en obesos

Lunes, 23 Junio 2014

Los obesos metabólicamente saludables tienen mayor prevalencia de aterosclerosis coronaria subclínica que las personas con peso normal metabólicamente sanas, según un estudio publicado en junio de 2014 en New England Journal of Medicine. El objetivo de este estudio fue comparar el calcio de las arterias coronarias (CAC) entre obesos metabólicamente sanos y las personas de peso normal...


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Antidepresivos en embarazo y cardiopatías congénitas

Lunes, 23 Junio 2014

Los modernos antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y otros antidepresivos durante el embarazo no se asocian con un mayor riesgo de defectos cardíacos congénitos, según un estudio publicado en junio de 2014 en New England Journal of Medicine. Hasta ahora no había certeza de si el uso de estos fármacos durante el embarazo aumentaba el riesgo de defectos...


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Café y riesgo cardiovascular

Lunes, 17 Febrero 2014

Un estudio publicado en Circulation en febrero de 2014 concluye que el consumo de café no aumenta el riesgo cardiovascular. Existe mucha controversia sobre la asociación entre el consumo de café y la enfermedad cardiovascular (ECV). El citado estudio se realizó mediante un metanálisis para evaluar la relación dosis-respuesta del consumo de café a largo plazo con el riesgo de ECV.

Para la...


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Los síntomas del infarto PDF Imprimir E-mail
Sábado, 10 de Diciembre de 2011 14:44

Hay un dicho  popular que dice que el corazón no duele. Sin embargo, cuando leemos información sobre el infarto de miocardio, siempre se destaca el dolor típico que produce. Este dolor y las circunstancias que le rodean suelen tener unas características que permiten diferenciarlo de los dolores de otro origen. En muchos pacientes que sufren un infarto puede encontrarse un factor desencadenante. Las situaciones que aumentan la frecuencia cardíaca, tales como el ejercicio físico, estrés psicológico, infecciones, fiebre, anemia, hipotensión, cirugía, traumatismos, embolia pulmonar, hipoglucemia o taquiarritmias, pueden dar lugar a un aumento de la demanda de oxígeno en el miocardio y conducir a un infarto. Asimismo, aquellos procesos en los que se produce un incremento del tono vasomotor coronario, o un verdadero vasoespasmo, como puede ocurrir por el consumo de vasoconstrictores, anfetaminas o cocaína, o por una reacción alérgica, se puede reducir de forma decisiva el flujo coronario y llevar a un infarto.

En el ámbito clínico, se registra una distribución circadiana bimodal del infarto, la muerte súbita, el ictus y la isquemia miocárdica transitoria, con el pico más amplio del día en las primeras horas de la mañana, después del despertar. Esta distribución parece ser debida a los mayores niveles de catecolaminas y de cortisol séricos y al aumento de la agregabilidad plaquetaria que se observan al principio de la mañana. Los infartos de inicio en las primeras horas de la mañana tienden a ser anatómicamente más amplios. Hay también picos estacionales (invierno) y semanales (lunes) en cuanto a la aparición del infarto. Por otro lado, los pacientes con infarto suelen mostrar uno o más factores de riesgo cardiovascular. Son factores frecuentemente encontrados en pacientes con infarto de miocardio: el tabaquismo, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, diabetes mellitus, edad avanzada, menopausia e historia familiar de enfermedad coronaria prematura.

La mayoría de los pacientes que sufren un infarto agudo de miocardio tienen antecedentes de molestias torácicas, generalmente sugestivas de angina típica, de presentación transitoria, horas a días antes de que el dolor se vuelva más intenso. Algunos refieren molestias torácicas inespecíficas, dificultad para respirar o debilidad generalizada en las horas o días previos al infarto. En unos pocos, sin embargo, el dolor aparece de forma brusca, sin síntomas premonitorios. Cuando se produce el infarto, los pacientes suelen acudir al médico quejándose de un malestar torácico constante, de intensidad variable de unos casos a otros y, habitualmente, de más de 30 minutos de duración. Con gran frecuencia, el malestar tiene un carácter de opresión o de compresión y algunos pacientes lo refieren como ardor o quemazón. Muchos subrayan que su molestia no es dolor, sino más bien opresión. El dolor típicamente se localiza en el centro del tórax, en la región estenal. A menudo se irradia al hombro y brazo izquierdos, llegando en algunos casos hasta el antebrazo y mano izquierdos. A veces se irradia al cuello, a la mandíbula y/o a la espalda. Menos frecuentemente, el dolor se refiere también en el hombro y brazo derechos. Algunos pacientes refieren dolor en la zona del estómago, lo que es más frecuente cuando el infarto afecta a la cara inferior del corazón. Los pacientes con una historia previa de angina de pecho, cuando sufren un infarto, describen por lo general sus molestias como de tipo semejante a las de la angina, si bien suelen ser más intensas y prolongadas, y con una menor respuesta a la medicación.

Las molestias torácicas secundarias a un infarto se asocian a menudo con sudoración, y muchos enfermos describen claramente el inicio como sudor frío. Los pacientes pueden desarrollar un sudor intenso cuando el infarto se asocia a edema pulmonar. Los infartos inferiores, sobre todo, se acompañan con frecuencia de síntomas gastrointestinales y meteorismo abdominal, náuseas y vómitos. En ocasiones se produce mareo, a veces intenso, e incluso pérdida de consciencia, lo que puede ser secundario a hipotensión, disminución de la frecuencia cardiaca, bloqueos o arritmias. La presencia de palpitaciones debe hacer sospechar una arritmia. En algunos pacientes, principalmente en los de edad avanzada, el infarto puede presentarse con manifestaciones atípicas, como dificultad para respirar, confusión o pérdida de consciencia, antes que dolor torácico como síntoma inicial. La presencia de dolor torácico no es por sí sola un buen factor predictivo para el diagnóstico. Muchos de los episodios de dolor son debidos a angina o a patologías no cardiacas. Por ello, deben investigarse los aspectos característicos del dolor torácico, con lo cual se aumenta la exactitud diagnóstica. El dolor torácico descrito como opresión o quemazón se asocia más frecuentemente con infarto de miocardio, mientras que un dolor punzante, que cambia con la posición del cuerpo, del tórax o de los brazos, o que se reproduce a la palpación, pocas veces se observa en un infarto de miocardio. En algunos estudios, hasta un 25% de los infartos han cursado sin síntomas y se han detectado solo por las alteraciones en el ECG y los análisis. Los pacientes con infartos silentes pueden tener también tendencia a isquemia silente, y el interrogatorio puede no descubrir antecedentes de dolor torácico; esto ocurre con mayor frecuencia en los pacientes diabéticos y en los de edad avanzada.

Última actualización el Miércoles, 06 de Marzo de 2013 09:45
 

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