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Dieta y terapia conductual para la obesidad

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Jueves, 05 de Febrero de 2015 23:54

La importancia de la obesidad

dietaEl sobrepeso y la obesidad son considerados como una enfermedad que favorece la aparición de diferentes complicaciones, entre las que destacan la hipertensión arterial, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Por ello, los organismos científicos nacionales e internacionales recomiendan la pérdida de peso a las personas con obesidad o sobrepeso, como la base de las medidas preventivas para su salud.

Para conseguirlo, las recomendaciones inciden en la necesidad de seguir un programa que incluya dieta, ejercicio físico y modificaciones en el estilo de vida. Pero, ¿cuáles son las recomendaciones específicas?, ¿qué tipo de dieta y cómo aplicarla?, ¿qué tipo de ejercicio y cuánto? y ¿cómo incidir en la modificación del estilo de vida?

 

 

Las dietas

Los tipos de dieta que se han investigados en el tratamiento de la obesidad son muchos, pero 4 de ellos han sido los más empleados: la dieta baja en carbohidratos, la dieta baja en grasas, la dieta mediterránea y la dieta de baja carga glicémica. Con todos estos tipos de dieta se ha conseguido reducir el peso corporal de forma significativa.

La dieta baja en carbohidratos, tal como la de Atkins, incluye el consumo de pocos carbohidratos, alrededor de 20 g/d, y un mayor contenido de proteínas y grasas; el alto contenido de proteínas aumentaría la saciedad, con lo que se consumirían menos calorías. La dieta baja en grasas, como la de Ornish, establece un consumo de grasas de un 10% a 20% de las calorías, lo que hace que el volumen de otros nutrientes sea mayor y se produzca saciedad ingiriendo pocas calorías.

La dieta mediterránea insiste en reducir las grasas saturadas e incrementar las poliinsaturadas. La dieta de baja carga glicémica persigue un mejor control de la glucosa en sangre. Existe una quinta opción dietética, que es la denominada de porción controlada, en la que las comidas se sustituyen por porciones de alimentos sólidos o líquidos, generalmente ricos en proteínas.

Diversos estudios han comparado la eficacia de los distintos tipos de dieta, comentados anteriormente, en el tratamiento de la obesidad. La dieta baja en carbohidratos permite conseguir una rápida reducción del peso corporal, pero con frecuencia se recupera a la larga y, al cabo de un año, no consigue mejores resultados que los otros tipos de dieta. La dieta baja en grasas suele ser más lenta, pero más estable en el tiempo. La dieta mediterránea suele ser muy recomendada por su efectividad a largo plazo, incluso mayor que la dieta baja en grasas. La dieta de baja carga glicémica ha mostrado resultados similares, aunque es más efectiva en la regulación de la glucosa en sangre.

Sin embargo, en muchos estudios se ha observado que lo importante no es el tipo de nutrientes que se reduce, sino la cantidad de calorías consumidas y su mantenimiento en el tiempo; por lo tanto, cualquiera de las opciones anteriores es válida, siempre que el consumo de calorías se ajuste a la baja para una persona concreta y lo mantenga posteriormente a lo largo de su vida; para evitar deficiencias en algunos nutrientes, la dieta debe incluir una variedad de alimentos que asegure el correcto aporte de proteínas, hidratos de carbonos, grasas, vitaminas y minerales.

En conclusión, las personas obesas pueden perder peso siguiendo dietas reductoras que varían ampliamente en la composición de macronutrientes. La restricción calórica, sin embargo, en lugar de la composición de macronutrientes, es el factor determinante de la pérdida de peso. Debido a que todas las dietas comentadas anteriormente ofrecen unos resultados similares a corto y largo plazo, la elección de la dieta puede orientarse por lo que mejor convenga por la presencia de otras condiciones comórbidas. Las personas diabéticas deberán seguir una dieta orientada al mejor control de la glucemia.

Los pacientes obesos con otros factores de riesgo cardiovascular pueden requerir una composición de macronutrientes más seleccionada. La elección de la dieta también debe abordar las preferencias del paciente, particularmente las relacionadas con la facilidad para la adherencia a la misma. Una dieta reductora se considerará exitosa si el individuo puede adherirse a ella durante varios meses para bajar del 5% al 10% del peso inicial. Mayor pérdida de peso es deseable, ya que se asocia, de forma lineal, con mayores mejoras en los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluyendo la glucemia, presión arterial, triglicéridos y colesterol. Los individuos más obesos deben restringir en mayor medida su ingesta calórica.

 

El ejercicio físico

La actividad física desempeña un papel fundamental en la mejora de la salud cardiovascular, pues permite reducir la presión arterial, la glucosa y los lípidos. Además, el ejercicio físico ayuda a disminuir la grasa corporal y la visceral. En suma, la actividad física, independientemente de la pérdida de peso, se asocia con mejoras en la composición corporal y las condiciones metabólicas. El ejercicio físico reduce la mortalidad relacionada con la obesidad.

La actividad física por sí sola tiene una efectividad limitada en la pérdida de peso. Esto es debido a que se necesita un alto volumen de actividad física para perder peso. Si solo se recomienda practicar ejercicio físico sin seguir una dieta hipocalórica, la pérdida de peso es mínima. Del mismo modo, la adición de ejercicio regular a la dieta hipocalórica sólo aumenta marginalmente la pérdida de peso a corto plazo. Estos hallazgos sugieren que a los individuos obesos se les debe recomendar practicar ejercicio físico más para mejorar su salud cardiovascular que para inducir la pérdida de peso.

A diferencia de lo anterior, la actividad física sí parece ser crítica para el control de peso a largo plazo, de manera que los obesos que mantienen la práctica de ejercicio físico durante más tiempo tienen un mejor control del peso corporal. Sin embargo, no se observan grandes diferencias entre diferentes niveles de carga de ejercicio, de manera que parece suficiente con realizar un ejercicio moderado regularmente. Los niveles altos de actividad física tienen poco efecto sobre la pérdida de peso a corto o largo plazo.

Las personas con sobrepeso y obesidad a menudo refieren que no tienen tiempo para hacer ejercicio. Por ello, se debe hacer hincapié en que, para el control de peso, la actividad se puede realizar a una intensidad moderada y en sesiones cortas, tan breve como 10 minutos. Cuando se incluye como parte de un programa integral de pérdida de peso, múltiples sesiones cortas de actividad durante todo el día son tan eficaces como una sesión de 40 minutos.

La actividad física que implica aumentar el gasto de energía durante todo el día, sin preocuparse por la intensidad o la duración de la actividad, es tan efectiva para el control de peso como la actividad programada más tradicional (como correr, nadar o ir en bicicleta). A los individuos obesos o con sobrepeso se les recomienda realizar caminatas frecuentes de 10 minutos a lo largo del día. Una vez conseguida la meta de perder el 10% o más del peso inicial, las caminatas de deben prolongar algo más para conseguir el gasto adicional necesario para el mantenimiento de la reducción del peso corporal.

 

 

La terapia de conducta

La terapia de conducta para el tratamiento de la obesidad se refiere a un conjunto de principios y técnicas para ayudar a las personas obesas a modificar sus hábitos dietéticos, su actividad física y las costumbres que contribuyen al exceso de peso. Esta terapia se basa en que el peso corporal se ve afectado por factores distintos de comportamiento, incluidos los genéticos, metabólicos y hormonales. Los componentes clave de la terapia de conducta incluyen el establecimiento de metas para el cambio de comportamiento que especifican qué va a hacer el individuo, cuándo, dónde, cómo y por cuánto tiempo.

El auto-control mediante registro del comportamiento es quizás el componente más importante del tratamiento conductual. Los pacientes deben llevar un registro detallado de su ingesta de alimentos, actividad física y el peso corporal, que se revisan con su dietista para identificar áreas de éxito y áreas necesitadas de mejora. Los registros deben ampliarse para incluir información sobre los tiempos, lugares, pensamientos y sentimientos asociados con la alimentación y la actividad física. La auto-monitorización frecuente es un predictor consistente de perdida de peso tanto a corto como largo plazo.

Desde su introducción en 1967, el tratamiento conductual se ha ampliado para introducir varios componentes además de la dieta, el ejercicio y el autocontrol. Estos componentes incluyen la reducción de la tasa de alimentación, control de estímulos, la resolución de problemas, la reestructuración cognitiva y la formación de prevención de recaídas.

El control de peso conductual tradicionalmente se ha impartido en diferentes lugares con grupos de 10 a 20 individuos por profesional (dietistas, psicólogos, especialistas en ejercicio y otros profesionales de la salud). La intervención suele iniciarse semanalmente durante 20 a 26 semanas, seguido por sesiones cada dos semanas durante otras 20 a 26 semanas. La charlas están diseñadas para facilitar el mantenimiento del peso perdido. Las sesiones de tratamiento generalmente duran de 60 a 90 minutos. El tratamiento en grupos parece producir una pérdida de peso un poco mayor y es más costo-efectiva que la atención individual. Las sesiones se suelen comenzar con una revisión de la alimentación, de la actividad física y de los registros de los participantes, y se continúa con la solución de problemas.

Está demostrado que los programas de modificación del estilo de vida producen una pérdida de peso promedio de 7 a 10 Kg en 6 meses, o una reducción del 7% al 10% del peso inicial. En diversos estudios se ha observado que los mejores resultados en la pérdida de peso se obtienen con una intervención en el estilo de vida combinada con una dieta baja en calorías. Sin embargo, si la terapia conductual no se continúa, los pacientes vuelven a recuperar del 30% al 40% de su pérdida de peso en 12 meses.

Las sesiones de mantenimiento cada dos semanas permiten continuar con la pérdida de peso a largo plazo. Las sesiones de mantenimiento proporcionan a los participantes el apoyo y la motivación necesarios para seguir con las conductas de control de peso, que incluyen la práctica de ejercicio físico, la dieta baja en calorías y baja en grasas, el monitoreo del peso corporal con frecuencia (al menos semanalmente) y el registro periódico de la ingesta de alimentos (sobre todo en respuesta al aumento de peso).

A pesar de la preocupación de que los esfuerzos para el control del peso a largo plazo pueden asociarse con depresión, trastornos de la alimentación y otras complicaciones del comportamiento, estos problemas generalmente no se han observado en muchos estudios. Por el contrario, la gran mayoría de las personas han reportado importantes mejoras en su calidad de vida con el mantenimiento de una pérdida de peso sustancial.

La explosión de los medios electrónicos de comunicación (telefonía móvil, Internet, correo electrónico, mensajes de texto, Facebook, etc.) ha abierto grandes posibilidades para impartir la terapia de conducta de otras formas. Se han investigado nuevas modalidades para la modificación del comportamiento con el objetivo del control del peso, con su potencialmente mayor conveniencia y coste reducido. Se han conseguido buenos resultados con programas de apoyo telefónico o a través de Internet, tanto para la pérdida inicial de peso como para el mantenimiento posterior.

Las nuevas tecnologías, como son los teléfonos inteligentes y las tablets, para las cuales hay docenas de aplicaciones para bajar de peso, deberían hacer más fácil y más conveniente las medidas a tomar por las personas para controlar su ingesta de alimentos, la actividad física y el peso, comportamientos que son críticos para el control del peso a corto y largo plazo. Las personas con sobrepeso y obesidad podrán participar en programas que se entregan a distancia, ya sea a través de centros de llamadas, programas basados en Internet, mensajes de texto o mensajes en los sitios de redes sociales. Estos canales de distribución electrónicos deberían mejorar la difusión de los programas de estilo de vida intensivos a los millones de personas que se beneficiarían de ellos.

 



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Última actualización el Martes, 06 de Septiembre de 2016 23:24
 


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